miércoles, 23 de octubre de 2013

Dolomitas VI: Le cascate di Fanes

Una de las cosas que más me impactó de las Dolomitas es que hay una inmensa cantidad de sitios sobrecogedores a los que se puede acceder sin necesidad de hacer largas caminatas ni superar grandes dificultades. Esto simplifica bastante las cosas a la hora de hacer fotos, ya que puede uno cargar sin problemas con todo el equipo e incluso acercarse a este o aquel sitio varias veces en un mismo día, pero tiene el inconveniente de que esos lugares tan accesibles y al mismo tiempo tan espectaculares suelen estar abarrotados de gente, lo cual no sólo dificulta las cosas para los que amamos la fotografía, sino que en ocasiones puede hacer que el encanto de ciertos parajes se diluya entre la multitud que acude a visitarlos a diario. En cualquier caso, las Dolomitas también están repletas de lugares recónditos y de difícil acceso donde disfrutar de la soledad y de la pureza de sus paisajes, así que el abanico de posibilidades tiene casi tantas varillas como uno pueda imaginar, un paraíso para el fotógrafo, vamos.

La cascada del río Fanes es el ejemplo perfecto de esos lugares que aúnan belleza y fácil acceso a partes iguales y que suelen ser visitados por un considerable gentío cada día. Hay una vía ferrata que pasa por detrás de este magnífico salto de agua, pero no es necesario jugarse el tipo para acceder a puntos desde los que poder contemplarla y fotografiarla en todo su esplendor.

Mi intención era aprovechar la presencia de alguna persona para dimensionar la cascada y que se apreciara su grandiosidad, pero no quería tampoco una imagen en la que hubiera gente por todos los lados. Tuve suerte, pues el día que la visitamos el cielo estaba completamente cubierto y habían anunciado tormentas, lo que hizo que no hubiera mucha gente. Busqué un punto de vista que me pareciera interesante y esperé a que un grupo no muy numeroso de personas cruzara la pasarela que hay situada en la parte inferior de la cascada. Tres, dos, uno... "clic".


Después de despeñarse por la cascada que las ha hecho famosas, las aguas del río Fanes continúan su recorrido a gran velocidad, primero discurriendo entre grandes paredes de roca y luego por zonas más abiertas. Me habría gustado bajar hasta el mismo lecho del río e intentar captar esos ricos matices de color azul pálido que ofrecen sus aguas, pero las tormentas que habían anunciado rompieron el cielo en una sucesión de estruendos que me hicieron tener que conformarme con fotografiar el río desde una posición más resguardada. 

Esperamos un rato a ver si terminaba la tormenta, pero en vista de que los truenos resonaban cada vez con más fuerza y de que la lluvia no cesaba, decidimos iniciar el camino de regreso. En uno de los miradores habilitados para contemplar la cascada, me detuve a revisar en la cámara la primera de las imágenes de esta entrada y comprobé que, al estar hecha desde abajo, se perdían algunos tramos de agua. Me gustaba la foto, pero no podía dejar pasar la oportunidad de hacer otra en la que se apreciara la cascada entera, incluida la ferrata que la atraviesa por detrás. Tuve la suerte de que justo en ese momento pasaba por allí una persona que me sirvió para dimensionar el salto de agua, aunque a este tamaño queda reducida a un puntito blanco que hay a la derecha de la cascada, a la altura del tercio superior.


Y hasta aquí la visita a la cascada del río Fanes, un lugar con infinitas posibilidades fotográficas al que sin duda volveré en cuanto tenga oportunidad. De momento estas fotos y el recuerdo del estruendo ensordecedror del agua precipitándose a gran velocidad me transportan allí durante unos intensos pero fugaces instantes. Hasta pronto, río Fanes.


2 comentarios :

Jordi Amela dijo...

Yo con tu permiso voy tomando nota, a ver si puedo convencer a la mujer para la proximas vacaciones.
Un saludo!

Federico de Haro dijo...

¡Todo tuyo Jordi! Si finalmente os montáis un viaje por allí seguro que lo disfrutáis a tope. Sería un placer ver los resultados fotográficos en tu blog.

¡Saludos!